El exalcalde de Marbella Julián Muñoz, también conocido como Cachuli, ya está en libertad a medias. Sólo ha de ir a dormir a la vieja prisión de Málaga, ahora convertida en una especie de residencia universitaria, sin permiso para trasnochar.
El que fuera super-famoso por sus portadas con La Pantoja y sus cinturones por debajo de la barriga, ha perdido muchos kilos –también de grasa- y luce una silueta de pasarela.
Dicen que no sólo se debe a que en el talego las cigales y el pata negra no abundan, sino que también ha sufrido varias indigestiones de disgustos y de semi infartos de envidia.
Bueno, pero ya está en la calle y podrá visitar en el cementerio la tumba del que fuera su admirado modelo, Don Jesús Gil y Gil, a quien luego traicionó al heredar una la alcaldía con la que nunca hubiera soñado este ex camarero con traje corto, bigote mexicano y tirantes de goma.
Cachuli no es sólo un patético personaje más de esta España de charanga y pandereta. Es un verdadero icono de unos tiempos de espejos deformados por el pelotazo. Unos tiempo negros también para la prensa. De programas como “El tomate” que llenaban de basura las sobremesas de toda España. En las teles nos daban unos postres llenos de heces, de romerías y de moscas que nos cortaban la digestión a quienes creemos que una cosa es “La Caja Tonta” y otra bien distinta “El retrete Catódico”.
En fin que hay que andar con ojo porque en cualquier bar, por delante o por detrás de la barra, puede aparecer otro Cachuli, o el mismo Muñoz encarnado de Cachuli, proponiéndonos un negocio porque ya de los bancos no sólo no nos podemos fiar, sino que son ellos los que no nos fían.
El que fuera super-famoso por sus portadas con La Pantoja y sus cinturones por debajo de la barriga, ha perdido muchos kilos –también de grasa- y luce una silueta de pasarela.
Dicen que no sólo se debe a que en el talego las cigales y el pata negra no abundan, sino que también ha sufrido varias indigestiones de disgustos y de semi infartos de envidia.
Bueno, pero ya está en la calle y podrá visitar en el cementerio la tumba del que fuera su admirado modelo, Don Jesús Gil y Gil, a quien luego traicionó al heredar una la alcaldía con la que nunca hubiera soñado este ex camarero con traje corto, bigote mexicano y tirantes de goma.
Cachuli no es sólo un patético personaje más de esta España de charanga y pandereta. Es un verdadero icono de unos tiempos de espejos deformados por el pelotazo. Unos tiempo negros también para la prensa. De programas como “El tomate” que llenaban de basura las sobremesas de toda España. En las teles nos daban unos postres llenos de heces, de romerías y de moscas que nos cortaban la digestión a quienes creemos que una cosa es “La Caja Tonta” y otra bien distinta “El retrete Catódico”.
En fin que hay que andar con ojo porque en cualquier bar, por delante o por detrás de la barra, puede aparecer otro Cachuli, o el mismo Muñoz encarnado de Cachuli, proponiéndonos un negocio porque ya de los bancos no sólo no nos podemos fiar, sino que son ellos los que no nos fían.
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