viernes, 17 de octubre de 2008

EL REGALITO

El vendedor, el ejecutivo, se llama Fernando, porque le vimos todos en la tele y lo ponía en el rotulito junto al nombre de Salsa, que es la empresa promotora de viviendas, de la Sociedad Azucarera Larios: dejó la dulce caña para meterse en el amargo polvo del ladrillo.

Su idea, respalda por un supuesto Consejo de Administración, es la de regalar un apartamento en Baviera Golf, si compras un chalet en Málaga capital.

La operación es tan mediática como falsa en tanto que se habla de un importe de unos 700.000 euros por “el paquete”. O sea, que son unas rebajas para quienes no las necesitan. Es como si pusieran de oferta los Rolls Royce, pero sin el imprescindible chófer con levita. ¿Qué vas a hacer con un Rolls, ponerte a dar vueltas buscando aparcamiento?

Claro que por este camino pronto veremos en letras de tiza sobre pizarra textos como este: “Jamón pata negra a precio de mortadela”. Y, llegado ese punto nos preguntaremos, como hace el maestro Manolo Alcántara, si será verdad el dicho ese de que cuando los pobres como jamón o es que están malos o es que está malo el jamón.

Lo de Salsa, lo de Larios, ha servido para desvelar la verdadera cara –de hormigón- de algunos promotores, afortunadamente ahora desenmascarados: que ganaban mucho, pero mucho. Mucho más de lo que marcan las reglas del buen gobierno empresarial. Ganaban no sólo para ellos, sino también para repartir.

Que se dejen de milongas, que se coman sus pisos y que no hagan publicidad engañosa. Si les sobra tanto dinero como para regalar apartamentos en un campo de golf, que se los regalen a los que de verdad los necesitan. Por lo menos salvarían la cara y se reconciliarían con Carpanta y otros amantes del jamón, que son todos los seres humanos; aunque se lo prohíba su religión.

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