Entre el juez Tirado que no hizo nada malo dejando libre al asesino de la niña Mari Luz –ni siquiera le parece justa la sanción de 1.500 euros-; y el juez Garzón, me quedo con el que fue ministro por un día.
Ahora sigue en el ojo del huracán –nunca ha dejado de estarlo por unas cosas o por otras investigaciones-, porque quiere excavar en las fosas del olvido de la Guerra Civil.
Ya sólo por eso le fusilan dialécticamente los hijos y los nietos de quienes fueron responsables de esa horrorosa matanza. Eso sí que es verdadero odio.
Odio a la historia y miedo a tener que darse de bruces con un papa o un abuelo asesino que daba paseos de ida, pero sin vuelta, con los vecinos que no le eran simpáticos.
Porque ese y no otro es el fondo del asunto. Lo que les retuerce las tripas a los que se oponen a la memoria histórica y a la identificación de los cadáveres para darles un digno descanso es que se sepa que detrás de cada cráneo con un agujero de bala había alguien que apretaba el gatillo. Y por ahí no pasan.
No soportan que la implacable historia demuestre que los que se pavoneaban por España –al menos alguno de ellos- , con los pechos llenos de medallas de hojalata y las camisas remangadas en pleno invierno habían sido puros carniceros.
Dicen estos cobardes, alguno agazapado bajo plumas serviles del periodismo más sucio, que ese no es un debate que interese a la sociedad. Que sólo es prioritaria la marcha de la economía. En suma, el puro dinero.
Pues no, para muchas familias españolas también es importante, muy importante, dar con los huesos de sus padres y recuperar para sí mismos la dignidad. Y es que encima de haber perdido una guerra espantosa han vivido con la presión de ser ellos los culpables y no los verdaderos criminales, muchos de ellos “héroes victoriosos”.
Garzón....sigue tirando de la manta y del pico y pala. Ánimo.
Ahora sigue en el ojo del huracán –nunca ha dejado de estarlo por unas cosas o por otras investigaciones-, porque quiere excavar en las fosas del olvido de la Guerra Civil.
Ya sólo por eso le fusilan dialécticamente los hijos y los nietos de quienes fueron responsables de esa horrorosa matanza. Eso sí que es verdadero odio.
Odio a la historia y miedo a tener que darse de bruces con un papa o un abuelo asesino que daba paseos de ida, pero sin vuelta, con los vecinos que no le eran simpáticos.
Porque ese y no otro es el fondo del asunto. Lo que les retuerce las tripas a los que se oponen a la memoria histórica y a la identificación de los cadáveres para darles un digno descanso es que se sepa que detrás de cada cráneo con un agujero de bala había alguien que apretaba el gatillo. Y por ahí no pasan.
No soportan que la implacable historia demuestre que los que se pavoneaban por España –al menos alguno de ellos- , con los pechos llenos de medallas de hojalata y las camisas remangadas en pleno invierno habían sido puros carniceros.
Dicen estos cobardes, alguno agazapado bajo plumas serviles del periodismo más sucio, que ese no es un debate que interese a la sociedad. Que sólo es prioritaria la marcha de la economía. En suma, el puro dinero.
Pues no, para muchas familias españolas también es importante, muy importante, dar con los huesos de sus padres y recuperar para sí mismos la dignidad. Y es que encima de haber perdido una guerra espantosa han vivido con la presión de ser ellos los culpables y no los verdaderos criminales, muchos de ellos “héroes victoriosos”.
Garzón....sigue tirando de la manta y del pico y pala. Ánimo.
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