jueves, 30 de octubre de 2008

LOS TOQUETEOS

Angela Merkel (se pronuncia Anguela) parece que anda mosqueada con el presidente francés Sarkozy porque se acerca demasiado a ella en “las cumbres” de Bruselas, que no en las del Kilimanjaro.

Vamos que se le van las manos demasiado entrenadas en acariciar a la La Bruni, que eso sí que compensa. ¿De que se queja nuestra amiga Angela de que las caricias y toqueteos afectuosos sean en público?

No sé, la verdad es que hay algunos muy pesados en los abordajes. Hay hombres que confiesan no haber sufrido nunca acoso de mujer alguna, pero sí de algún gay descontrolado. Y da mucha fatiga decir que por ahí no.

Lo real es que hay distancias un poco comprometidas y ascensores demasiado pequeños. Esas aproximaciones en las cajas verticales, colgadas en el vacío, me dan mucha angustia.

Quieres ser correcto y entonces recurres el diálogo salvador de el tiempo. Pues sí, parece que va a llover. Qué calor que hace y otros temas propundos para agilizar ese viaje que siempre dura demasiado.

El desconocido, muy de cerca, sea chico o chica, nos agobia un poco y pienso en algunas mujeres que lo tienen que pasar muy mal con los tocones de las oficinas y sobre todo de los transportes públicos.

Esos sarkosís del metro son muy desagradables y deberían ser invitados a los clubs de gays de Osos, los que llevan cadenas y ropa de cuero negro. También hay toconas, pero yo nunca me las he encontrado. Bueno, una vez sí, pero tenía un gran parecido con la presidenta alemana y no sólo no “me puso”, si no que me puso a la defensiva. Al poco se quedó embarazada y es seguro que su marido no era el padre de la criatura. El tiraba para el lado de los Osos, le iban los plantígrados con mucho pelo. Se comprende todo.

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