Con el horroroso nombre de “Niños Medicina” se ha venido a bautizar a los bebes que vienen al mundo no con un pan debajo del brazo si no con unos anticuerpos (que no quiere decir que no tengan extremidades superiores e inferiores e incluso tronco y cabeza: cuerpo completo) y que están genéticamente dotados para ayudar a sus hermanos enfermos.
Este gran paso hacia la mejora de la especie humana y sobre todo al bienestar de los hermanos directos es criticado por la Santa Madre Iglesia Católica que históricamente siempre ha sido madrastra, peor que la de Cenicienta.
Ignoro el chip –quizá habría que decir anticuerpo- de perturbación retrógrada y reaccionaria ante la ciencia y el progreso que anida en las cabezas rectoras de los altos responsables de la sagrada institución. Quizá la dolorosa ausencia de mujeres en esos sínodos y concilios que organizan les lleva a ignorar por completo lo que siente una madre ante un hijo que se le muere porque ha nacido con un enfermedad para la que no hay remedio. Una terrible dolencia que puede aliviarse con la llegada de otro hijo que ayude a su hermano.
¿Es esto malo? ¿Es esto pecado? Me temo que, como sugiere Juan José Millas, en una de sus columnas, nuestros actuales sacerdotes también condenarían a Jesucristo porque llego al mundo para “salvar” a la humanidad. Verían también en Jesús un santo “medicina”. ¿Sólo fue una aspirina o un valium místico?
Menos mal que ya no hay hogueras. Si las tuvieran...me quemarían a mi por escribir esto. Y a ustedes por leerlo.
Este gran paso hacia la mejora de la especie humana y sobre todo al bienestar de los hermanos directos es criticado por la Santa Madre Iglesia Católica que históricamente siempre ha sido madrastra, peor que la de Cenicienta.
Ignoro el chip –quizá habría que decir anticuerpo- de perturbación retrógrada y reaccionaria ante la ciencia y el progreso que anida en las cabezas rectoras de los altos responsables de la sagrada institución. Quizá la dolorosa ausencia de mujeres en esos sínodos y concilios que organizan les lleva a ignorar por completo lo que siente una madre ante un hijo que se le muere porque ha nacido con un enfermedad para la que no hay remedio. Una terrible dolencia que puede aliviarse con la llegada de otro hijo que ayude a su hermano.
¿Es esto malo? ¿Es esto pecado? Me temo que, como sugiere Juan José Millas, en una de sus columnas, nuestros actuales sacerdotes también condenarían a Jesucristo porque llego al mundo para “salvar” a la humanidad. Verían también en Jesús un santo “medicina”. ¿Sólo fue una aspirina o un valium místico?
Menos mal que ya no hay hogueras. Si las tuvieran...me quemarían a mi por escribir esto. Y a ustedes por leerlo.
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