Ayer fueron los estudiantes y antes de ayer los jueces y los secretarios de los Juzgados. El país entero calienta motores para lo que seguro será unos de los otoños más calientes de este siglo que apenas empieza.
Y es que desde la caída involuntaria de las Torres Gemelas de Nueva York hemos entrado en otra era, en otros tiempos de confusión, como por cierto siempre fueron los tiempos: convulsos y duros para la especie humana.
España no puede entrar en el G-8 ni en el G-20 ni en cualquier foro de peso internacional. Desde que el tandem Zapatero-Moratinos lleva el timón de la política exterior, nuestros principales aliados hay que buscarlos en la poderosa Africa Subsahariana y en la antillana Cuba de Fidel. Vamos, que disfrutamos de mucho peso, sobre todo gracias al dominio del inglés que exhibe ZP a quien vemos haciendo solitarios en soledad mientras los verdaderos líderes del mundo se reparten la tarta.
En lo que sí vamos a ser campeones es en las peores cifras del paro que se recuerdan. Cáncer económico atroz en una España en la que no había crisis hasta hace dos semanas. Hasta te llamaban “antipatriota” si por un casual te quejabas del algo.
Menos mal que los sindicatos no están respondiendo a las provocaciones de los locos que quisieran todavía más follón. Un irresponsable lío callejero que sólo serviría para que los cristaleros tuvieran algo más de trabajo. Pero para poco más. Hay que estarse quieto.
A ver si escampa.
Y es que desde la caída involuntaria de las Torres Gemelas de Nueva York hemos entrado en otra era, en otros tiempos de confusión, como por cierto siempre fueron los tiempos: convulsos y duros para la especie humana.
España no puede entrar en el G-8 ni en el G-20 ni en cualquier foro de peso internacional. Desde que el tandem Zapatero-Moratinos lleva el timón de la política exterior, nuestros principales aliados hay que buscarlos en la poderosa Africa Subsahariana y en la antillana Cuba de Fidel. Vamos, que disfrutamos de mucho peso, sobre todo gracias al dominio del inglés que exhibe ZP a quien vemos haciendo solitarios en soledad mientras los verdaderos líderes del mundo se reparten la tarta.
En lo que sí vamos a ser campeones es en las peores cifras del paro que se recuerdan. Cáncer económico atroz en una España en la que no había crisis hasta hace dos semanas. Hasta te llamaban “antipatriota” si por un casual te quejabas del algo.
Menos mal que los sindicatos no están respondiendo a las provocaciones de los locos que quisieran todavía más follón. Un irresponsable lío callejero que sólo serviría para que los cristaleros tuvieran algo más de trabajo. Pero para poco más. Hay que estarse quieto.
A ver si escampa.
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