¿Qué hacer con el dinero? Esa es la gran pregunta que se plantean ahora los que lo tienen. Un drama de angustia vital para los privilegiados poseedores del preciado metal, ahora de papel. Vamos, que son dignos de lástima.
Hasta mediados del pasado año, era un buen refugio del efectivo el sector inmobiliario. Quien tenía “posibles” compraba pisos para revenderlos. Pero ahora esa operación resulta poco menos que suicida ya que nos dicen que oficialmente hay un millón de pisos a la venta y sin novio.
Lo de la inversión en Bolsa también parece problemático y no ha nacido el guapo que se atreva a confirmar (pero no con la boquita, con firma y rúbrica) que ya se ha tocado suelo y que las expectativas son de beneficios.
Algunos valientes se han lanzado a comprar oro, en barras, lingotes o en joyas para la mujer o para la amiga, pero a mi eso me da miedo. Por un lado, hay que tener un lugar seguro para esconderlo y ya todos sabemos que hay organizaciones criminales, muchas de ellas con acento extranjero, expertas en reventar las cajas de caudales o en reventarte las rodillas de un martillazo, si es que te resistes.
Lo de enjoyar a nuestras parejas –sean hombres o mujeres- es como más peligroso en tanto que la infidelidad, incluida la de las amantes o de los queridos es otro valor inestable. Además, no van a salir a la calle alicatadas hasta el techo y con resplandores. Serían así reclamo seguro de cacos callejeros con mucha vista y muy poca vergüenza.
¿Cuántas personas han sido arrastradas por las orejas para acabar perdiendo los pendientes? ¿Cuántas han sentido el frío de la punta de la navaja en sus cuellos de nácar?
Me estoy poniendo malo de pensarlo.
Menos mal.
Hasta mediados del pasado año, era un buen refugio del efectivo el sector inmobiliario. Quien tenía “posibles” compraba pisos para revenderlos. Pero ahora esa operación resulta poco menos que suicida ya que nos dicen que oficialmente hay un millón de pisos a la venta y sin novio.
Lo de la inversión en Bolsa también parece problemático y no ha nacido el guapo que se atreva a confirmar (pero no con la boquita, con firma y rúbrica) que ya se ha tocado suelo y que las expectativas son de beneficios.
Algunos valientes se han lanzado a comprar oro, en barras, lingotes o en joyas para la mujer o para la amiga, pero a mi eso me da miedo. Por un lado, hay que tener un lugar seguro para esconderlo y ya todos sabemos que hay organizaciones criminales, muchas de ellas con acento extranjero, expertas en reventar las cajas de caudales o en reventarte las rodillas de un martillazo, si es que te resistes.
Lo de enjoyar a nuestras parejas –sean hombres o mujeres- es como más peligroso en tanto que la infidelidad, incluida la de las amantes o de los queridos es otro valor inestable. Además, no van a salir a la calle alicatadas hasta el techo y con resplandores. Serían así reclamo seguro de cacos callejeros con mucha vista y muy poca vergüenza.
¿Cuántas personas han sido arrastradas por las orejas para acabar perdiendo los pendientes? ¿Cuántas han sentido el frío de la punta de la navaja en sus cuellos de nácar?
Me estoy poniendo malo de pensarlo.
Menos mal.
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