El título de este comentario es tan desgarrador como el de la realidad que nos circunda. Una situación por muchos ignorada e incluso oculta por un falso pudor de quien padece situaciones desesperadas.
Hay miles familias españolas que viven aterrorizadas por unos hijos desalmados que son su verdadero suplicio y tortura. Joven gentuza esta que agobia a los padres como si fueran parásitos o vampiros. Niñatos y no tan niñatos que se aprovechan del natural cariño de los padres a los que sangran económicamente y que incluso maltratan.
Los psicólogos han denominado estas situaciones como las del llamado “Síndrome del Emperador”. Y es que en determinadas circunstancias se les dan a nuestros hijos tantos caprichos y mimos que se convierten en verdaderos tiranos.
Esta situación es especialmente dramática con algunos niños adoptados. En principio son críos muy queridos, muy deseados por sus padres adoptantes; pero en algunas ocasiones –sobre todo cuando ya no son bebés-, crean unos problemas realmente tremendos.
Su convivencia en los hogares resulta poco menos que imposible y tan sólo aflora cuando termina en un a tragedia. Sin embargo, hay muchos casos latentes, muchos más de los que se imaginan.
Las soluciones no son fáciles y empiezan porque estos padres cuenten con todo tipo de apoyos. No sólo psicológicos, sino de protección física. Para miles de familias, algunos hijos no han venido con un pan debajo del brazo. Algunos traen hasta afiladas navajas. Un horror.
Hay miles familias españolas que viven aterrorizadas por unos hijos desalmados que son su verdadero suplicio y tortura. Joven gentuza esta que agobia a los padres como si fueran parásitos o vampiros. Niñatos y no tan niñatos que se aprovechan del natural cariño de los padres a los que sangran económicamente y que incluso maltratan.
Los psicólogos han denominado estas situaciones como las del llamado “Síndrome del Emperador”. Y es que en determinadas circunstancias se les dan a nuestros hijos tantos caprichos y mimos que se convierten en verdaderos tiranos.
Esta situación es especialmente dramática con algunos niños adoptados. En principio son críos muy queridos, muy deseados por sus padres adoptantes; pero en algunas ocasiones –sobre todo cuando ya no son bebés-, crean unos problemas realmente tremendos.
Su convivencia en los hogares resulta poco menos que imposible y tan sólo aflora cuando termina en un a tragedia. Sin embargo, hay muchos casos latentes, muchos más de los que se imaginan.
Las soluciones no son fáciles y empiezan porque estos padres cuenten con todo tipo de apoyos. No sólo psicológicos, sino de protección física. Para miles de familias, algunos hijos no han venido con un pan debajo del brazo. Algunos traen hasta afiladas navajas. Un horror.
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