La Fiscalía Anticorrupción ha actuado y ha pedido informes a Telecinco sobre los supuestos 50.000 euros que podría haber cobrado Luis Roldán, tétrico exdirector general de la Guardia Civil.
Sí, el mismo que se quedó con dinero destinado a los huérfanos de la Benemérita y que tras pasearse por medio mundo, ahora se pasea ya en régimen de semilibertad por los platós de televisión haciendo declaraciones de todo tipo. Un asco.
Y parece que lo mismo sucede con el marido de La Pantoja, Julián Muñoz, del que se dice que puede llegar a cobrar 350.000 euros (casi 60 millones de las antiguas pesetas) por mostrar su bigote de desvergüenza ante las cámaras.
Menos mal que parecer que la Fiscalía va a actuar y que pedirá el embargo de los que pudieran cobrar semejantes individuos que han defraudado a Hacienda, a miles de personas y a la propia dignidad nacional, si se me permite la expresión un tanto rimbombante.
Que les embarguen de inmediato las cuentas y paralicen de momento esa sangría de deshonestidad. Sin embargo, eso no es suficiente. Habría que crear un código ético, por llamarlo de alguna manera, para bloquear el acceso de semejantes individuos a las pantallas de televisión. De no hacerlo así, dentro de unos meses podremos ver al canalla asesino de la niña Mari Luz intentando explicar que él es un pederasta, pero que se arrepiente.
Se precisan medidas urgentes en este sentido contra un público que parece deslizarse con facilidad por la pendiente del mal gusto, la chabacanería y la ignominia. Porque ese el quid de la cuestión. Que la gente ve este tipo de espacios y las televisiones, que son un negocio, buscan también la audiencia, que es la que da dinero.
Sí, el mismo que se quedó con dinero destinado a los huérfanos de la Benemérita y que tras pasearse por medio mundo, ahora se pasea ya en régimen de semilibertad por los platós de televisión haciendo declaraciones de todo tipo. Un asco.
Y parece que lo mismo sucede con el marido de La Pantoja, Julián Muñoz, del que se dice que puede llegar a cobrar 350.000 euros (casi 60 millones de las antiguas pesetas) por mostrar su bigote de desvergüenza ante las cámaras.
Menos mal que parecer que la Fiscalía va a actuar y que pedirá el embargo de los que pudieran cobrar semejantes individuos que han defraudado a Hacienda, a miles de personas y a la propia dignidad nacional, si se me permite la expresión un tanto rimbombante.
Que les embarguen de inmediato las cuentas y paralicen de momento esa sangría de deshonestidad. Sin embargo, eso no es suficiente. Habría que crear un código ético, por llamarlo de alguna manera, para bloquear el acceso de semejantes individuos a las pantallas de televisión. De no hacerlo así, dentro de unos meses podremos ver al canalla asesino de la niña Mari Luz intentando explicar que él es un pederasta, pero que se arrepiente.
Se precisan medidas urgentes en este sentido contra un público que parece deslizarse con facilidad por la pendiente del mal gusto, la chabacanería y la ignominia. Porque ese el quid de la cuestión. Que la gente ve este tipo de espacios y las televisiones, que son un negocio, buscan también la audiencia, que es la que da dinero.
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