viernes, 14 de noviembre de 2008

OBLIGACIÓN DE INTERVENIR

Me consta que el tema del que voy a reflexionar en voz alta es más que espinoso. Sin embargo es preciso abrir un debate al respecto en tanto que no podemos permanecer al margen de las barbaridades que se cometen en el mundo y de las que ahora somos conscientes por los medios de comunicación.

Una adolescente de 14 años, Asha Ibrahim Dhuhuliw acaba de morir lapidada –a pedradas- en Somalia acusada de adulterio por sus propios violadores. No deseo entrar en detalles porque se me revuelve el estómago y por no amargarles a ustedes la jornada.

El caso es que este tipo de atrocidades se cometen día a día en la decena de países islámicos que aplican las leyes coránicas como códigos de Justicia.

Ante estas bestialidades, ante los millones de mutilaciones de clítoris a mujeres (esta es otra).... ¿Qué podemos hacer desde Occidente? Algunos dirán que “hay que respetar las tradiciones culturales”. ¿Cómo se puede llegar a tal nivel de falta de sensibilidad?

Desde mi punto de vista, debe de existir un compromiso internacional de acabar con este tipo de prácticas aberrantes. Como seres humanos debemos luchar en todos los frentes –también en el de la opinión-, para que se aplique universalmente la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Esa conquista nuestra, hija de la Revolución Francesa de 1789, debe de ser extendida por todo el planeta, aunque choque con “tradiciones”. ¿Cómo hacerlo? No resultará fácil, sobre todo si no tenemos unos criterios firmes al respecto. Sobre todo si desde el mundo libre se es “comprensivo”.

Es más, yo creo que está legitimado el derecho de intervención incluso con violencia para erradicar este horror de la faz de la Tierra. Igual que se terminó con nazismo y el fascismo hay que acabar con la gentuza que desde los púlpitos, las mezquitas o las escuelas, pregonan el odio y el terror, especialmente a las mujeres.

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