Acaba de hacerse público un más que serio estudio sobre las audiencias televisivas en Andalucía. Apenas hay sorpresas, excepto la para mi llamativa predilección por los culebrones por parte de los adolescentes.
Resulta que telenovelas como “Gata Salvaje”, “Yo soy Bea” o “Amar en tiempos revueltos” baten records entre nuestros chicos y chicas con espinillas.
Yo ya me olía que no les molaban los espacios científicos o los documentales sobre naturaleza, pero me entristece que les atraigan tanto esas historias de sórdidas relaciones pareja.
Historias que, desde mi punto de vista, no pueden interesar ni a los que las vivieran en primera persona, quienes seguro intentarían olvidarlas. Yo pensaba que las fotonovelas –antes estos dramones se recogían en revistas con muchas imágenes-, terminarían con el franquismo, al igual que las procesiones de Semana Santa. Pero ambos fenómenos han ido a más.
El equivocado era yo. Seguro.
Tanto esfuerzo porque el país avanzara y nuestros hijos y nietos regresan a las esencias de la caspa y de la sensiblería de lo que antes se llamaban chachas o más finamente servicio doméstico, y que era el natural público consumidor de este tipo de productos.
Hemos hecho un camino de eterno retorno a las esencias que vuelven ahora reforzadas de carga ideológica de verdadero mal gusto. No hay esperanza. Ya no hay esperanza.
Legiones de jóvenes andaluces desfilaran por las calles pidiendo más basura audiovisual en lugar de espacios de debate y pensamiento. Volverán a las grandes avenidas con pancartas pidiendo hamburguesas gratis y el rodaje de 5.000 capítulos más de “Bety la fea”.
Al tiempo.
Resulta que telenovelas como “Gata Salvaje”, “Yo soy Bea” o “Amar en tiempos revueltos” baten records entre nuestros chicos y chicas con espinillas.
Yo ya me olía que no les molaban los espacios científicos o los documentales sobre naturaleza, pero me entristece que les atraigan tanto esas historias de sórdidas relaciones pareja.
Historias que, desde mi punto de vista, no pueden interesar ni a los que las vivieran en primera persona, quienes seguro intentarían olvidarlas. Yo pensaba que las fotonovelas –antes estos dramones se recogían en revistas con muchas imágenes-, terminarían con el franquismo, al igual que las procesiones de Semana Santa. Pero ambos fenómenos han ido a más.
El equivocado era yo. Seguro.
Tanto esfuerzo porque el país avanzara y nuestros hijos y nietos regresan a las esencias de la caspa y de la sensiblería de lo que antes se llamaban chachas o más finamente servicio doméstico, y que era el natural público consumidor de este tipo de productos.
Hemos hecho un camino de eterno retorno a las esencias que vuelven ahora reforzadas de carga ideológica de verdadero mal gusto. No hay esperanza. Ya no hay esperanza.
Legiones de jóvenes andaluces desfilaran por las calles pidiendo más basura audiovisual en lugar de espacios de debate y pensamiento. Volverán a las grandes avenidas con pancartas pidiendo hamburguesas gratis y el rodaje de 5.000 capítulos más de “Bety la fea”.
Al tiempo.
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