El espectáculo de Telecinco a lo largo del pasado fin de semana ha desbordado todos los límites de la sensatez y la coherencia de un medio de comunicación de masas.
Resulta que, como a Julián Muñoz los jueces no le dejaban salir de Marbella para ser entrevistado en Madrid, las cámaras fueron a su encuentro en esta maravillosa ciudad de la Costa del Sol.
Pero es que, además, no sólo emitieron las declaraciones de semejante personaje el viernes por la noche, sino que las volvieron a lanzarlas la noche del sábado bajo la cobertura de un programa especial de “La Noria”. En este segundo espacio, que contó con al presencia de su exmujer, Maite Zaldívar, volvieron a trocear la entrevista y a sacarle punta a cada una de sus palabras o de sus silencios.
De nuevo volvió a darse “en riguroso directo” (como si ello supusiera alarde técnico alguno o mayor credibilidad) el bochornoso espectáculo que consiste en hacer pública la vida íntima de unos ciudadanos en absoluto libres de estar bajo sospecha de haber cometido varios delitos.
Y es que este caso reúne el ingrediente añadido de que el señor del bigote es oficialmente un delincuente, ya que ha sido condenado varias veces por prácticas de corrupción No se trata sólo de famosos del mundo de la farándula, artistas, actores, etc; sino de gente encausada en supuestas tramas de corrupción. Personas que al parecer (en algunos casos ya se ha demostrado) que se llevaban por toda la cara el dinero de los ciudadanos y de los empresarios víctimas del chantaje y de la extorsión: “yo te doy licencia si tu me metes en esta bolsa de plástico tantos millones”.
El asunto es grave, muy grave y merece una profunda reflexión al respecto de si los medios de comunicación conforman –o no conforman- valores morales a los espectadores. Hitler desde luego hubiera utilizado la tele para machacar a los judíos, como ya hizo con el cine asimilándoles a la condición de ratas. Algunos elementos emplean el poder del medio televisivo no para apoyar a los deportistas o los científicos, sino para dar dinero, fama, proyección y “justificación” a delincuentes. Tomen nota.
Resulta que, como a Julián Muñoz los jueces no le dejaban salir de Marbella para ser entrevistado en Madrid, las cámaras fueron a su encuentro en esta maravillosa ciudad de la Costa del Sol.
Pero es que, además, no sólo emitieron las declaraciones de semejante personaje el viernes por la noche, sino que las volvieron a lanzarlas la noche del sábado bajo la cobertura de un programa especial de “La Noria”. En este segundo espacio, que contó con al presencia de su exmujer, Maite Zaldívar, volvieron a trocear la entrevista y a sacarle punta a cada una de sus palabras o de sus silencios.
De nuevo volvió a darse “en riguroso directo” (como si ello supusiera alarde técnico alguno o mayor credibilidad) el bochornoso espectáculo que consiste en hacer pública la vida íntima de unos ciudadanos en absoluto libres de estar bajo sospecha de haber cometido varios delitos.
Y es que este caso reúne el ingrediente añadido de que el señor del bigote es oficialmente un delincuente, ya que ha sido condenado varias veces por prácticas de corrupción No se trata sólo de famosos del mundo de la farándula, artistas, actores, etc; sino de gente encausada en supuestas tramas de corrupción. Personas que al parecer (en algunos casos ya se ha demostrado) que se llevaban por toda la cara el dinero de los ciudadanos y de los empresarios víctimas del chantaje y de la extorsión: “yo te doy licencia si tu me metes en esta bolsa de plástico tantos millones”.
El asunto es grave, muy grave y merece una profunda reflexión al respecto de si los medios de comunicación conforman –o no conforman- valores morales a los espectadores. Hitler desde luego hubiera utilizado la tele para machacar a los judíos, como ya hizo con el cine asimilándoles a la condición de ratas. Algunos elementos emplean el poder del medio televisivo no para apoyar a los deportistas o los científicos, sino para dar dinero, fama, proyección y “justificación” a delincuentes. Tomen nota.
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