Termina ya este año malo, malo, pero más malo. Un 2008 cargado de desesperanzas que nos pone a los pies de un tiempo de zozobra. Un tiempo el que se avecina de todavía mayor incertidumbre y casi sin ilusión de mejoría.
Es verdad que han bajado los tipos de interés, pero los bancos no dan créditos a pesar de que el Gobierno les ha “inyectado” dinero, mucho dinero de nuestro dinero. Los bancos no se fían ni un pelo. Ni entre ellos mismos. Hasta los más voraces tiburones han caído en las redes de la mentira y del falso beneficio sin esfuerzo alguno. El sistema se tambalea y los caemos al suelo somos los frutos más maduros. Como las aceitunas. La máquina vibradora, sacude las ramas finas que se van a quedar si hojas mientras los troncos del “capital” sobrevivirán fuertes contra la tempestad.
Es verdad que la gasolina ha bajado, pero ya no tenemos ni ganas de usar el coche. No podemos usar el coche. Tenemos que vender el coche, pero no nos dan nada por él. Tenemos que vender el piso, pero nadie nos lo compra. Tenemos que vender nuestra propia fuerza de trabajo, pero nadie nos contrata. Tenemos que hacer planes, pero qué planes vamos a hacer si no sabemos si nos van a meter un ERE por detrás o simplemente nos van a despedir con viento fresco.
Es verdad que el Gobierno hace lo que puede, pero hay muchas cosas que no le perdonamos. Una es que negara la crisis, cuando ya la notábamos en los bolsillos y otra que sea incapaz de engañarnos de nuevo dándonos ánimos para afrontar el 2009 con cierto optimismo.
Vamos que yo ya no puedo ni seguir escribiendo. Que no puedo.
Es verdad que han bajado los tipos de interés, pero los bancos no dan créditos a pesar de que el Gobierno les ha “inyectado” dinero, mucho dinero de nuestro dinero. Los bancos no se fían ni un pelo. Ni entre ellos mismos. Hasta los más voraces tiburones han caído en las redes de la mentira y del falso beneficio sin esfuerzo alguno. El sistema se tambalea y los caemos al suelo somos los frutos más maduros. Como las aceitunas. La máquina vibradora, sacude las ramas finas que se van a quedar si hojas mientras los troncos del “capital” sobrevivirán fuertes contra la tempestad.
Es verdad que la gasolina ha bajado, pero ya no tenemos ni ganas de usar el coche. No podemos usar el coche. Tenemos que vender el coche, pero no nos dan nada por él. Tenemos que vender el piso, pero nadie nos lo compra. Tenemos que vender nuestra propia fuerza de trabajo, pero nadie nos contrata. Tenemos que hacer planes, pero qué planes vamos a hacer si no sabemos si nos van a meter un ERE por detrás o simplemente nos van a despedir con viento fresco.
Es verdad que el Gobierno hace lo que puede, pero hay muchas cosas que no le perdonamos. Una es que negara la crisis, cuando ya la notábamos en los bolsillos y otra que sea incapaz de engañarnos de nuevo dándonos ánimos para afrontar el 2009 con cierto optimismo.
Vamos que yo ya no puedo ni seguir escribiendo. Que no puedo.
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