Es terrible. Las Navidades se celebran con bombas en Oriente Medio. Ese enclave ha sido a lo largo de la historia foco de culturas y de odios atávicos. Sólo el fin de las religiones con sus respectivos fanatismos pondrá fin a una guerra que se extiende durante miles de años.
Sí, el bombardeo de Gaza por parte de Israel ha sido brutal y seguro desproporcionado. Pero no hay que olvidar que ha sido la respuesta violenta a los continuos ataques con cohetes disparados desde ese territorio de barbarie controlado por Hamás. Se trata de una organización terrorista, repito, terrorista que ha hecho de la violencia su único lenguaje político.
Así el mismo ministro Moratinos, desde mi punto de vista demasiado volcado siempre a favor de la causa palestina, ha recordado con mucho juicio que fueron los de Hamás los que reventaron la tregua con la que se mantenía al menos una frágil paz no declarada.
Lo que me duele, lo que resulta especialmente trágico es que a raíz de algunos comentarios que se escuchan y se publican en la prensa Occidental todavía se trasluce un feroz anti semitismo. Se habla, por ejemplo, de holocausto palestino, cuando eso no tiene nada que ver con las cámaras de gas ni los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Aquello respondía a una planificación sistemática de matanza organizada de toda una raza a la que había que “exterminar”.
En el caso de Israel cabe decir que la brutal respuesta, he dicho brutal, viene motivada por el continuo hostigamiento de estos grupos fanáticos que se creen que pueden llevar a su pueblo al paraíso cuando lo llevan a la miseria más absoluta. De hecho, el nivel de vida y de respeto a los derechos humanos del Estado de Israel –dentro del cual viven pacíficamente muchos árabes- es infinitamente superior al que tienen en los territorios controlados por ellos mismos. Que se lo pregunten, si no, a las mujeres palestinas, que sólo tienen el derecho a llorar.
Sí, el bombardeo de Gaza por parte de Israel ha sido brutal y seguro desproporcionado. Pero no hay que olvidar que ha sido la respuesta violenta a los continuos ataques con cohetes disparados desde ese territorio de barbarie controlado por Hamás. Se trata de una organización terrorista, repito, terrorista que ha hecho de la violencia su único lenguaje político.
Así el mismo ministro Moratinos, desde mi punto de vista demasiado volcado siempre a favor de la causa palestina, ha recordado con mucho juicio que fueron los de Hamás los que reventaron la tregua con la que se mantenía al menos una frágil paz no declarada.
Lo que me duele, lo que resulta especialmente trágico es que a raíz de algunos comentarios que se escuchan y se publican en la prensa Occidental todavía se trasluce un feroz anti semitismo. Se habla, por ejemplo, de holocausto palestino, cuando eso no tiene nada que ver con las cámaras de gas ni los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Aquello respondía a una planificación sistemática de matanza organizada de toda una raza a la que había que “exterminar”.
En el caso de Israel cabe decir que la brutal respuesta, he dicho brutal, viene motivada por el continuo hostigamiento de estos grupos fanáticos que se creen que pueden llevar a su pueblo al paraíso cuando lo llevan a la miseria más absoluta. De hecho, el nivel de vida y de respeto a los derechos humanos del Estado de Israel –dentro del cual viven pacíficamente muchos árabes- es infinitamente superior al que tienen en los territorios controlados por ellos mismos. Que se lo pregunten, si no, a las mujeres palestinas, que sólo tienen el derecho a llorar.
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